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«La no violencia
lleva a la más alta ética, lo cual es la meta de la
evolución. Hasta que no cesemos de dañar a otros seres
vivos, somos aún salvajes». Thomas Alba Edison
««Evitad la
competencia. Siempre es dañina para la especie, y vosotros
tenéis abundancia de medios para evitarla». Tal es la
tendencia de la naturaleza, no siempre realizable por ella, pero
siempre inherente a ella. Tal es la consigna que llega hasta nosotros
desde los matorrales, bosques, ríos y océanos. «Por
consiguiente: ¡Uníos! ¡Practicad la ayuda mutua!
Es el medio más justo para garantizar la seguridad máxima
tanto para cada uno en particular como para todos en general; es la
mejor garantía para la existencia y el progreso físico,
intelectual y moral».
He aquí lo que nos
enseña la naturaleza; y esta voz suya la escucharon todos los
animales que alcanzaron la más elevada posición en sus
clases respectivas. A esta misma orden de la naturaleza obedeció
el hombre -el más primitivo- y sólo debido a ello
alcanzó la posición que ocupa ahora.» Piotr
Kropotkin, El apoyo mutuo, un factor de evolución. El evolucionismo es un
vuelco copernicano a la
soberanía y supremacía cualitativa humana respecto al
resto del mundo.
¿Por qué
calzado vegan?
Para tratar de dar
respuesta a esta cuestión, digamos que se nos presentan dos
opciones y una necesidad a satisfacer: calzado no vegano y calzado
vegano. Empezaremos con el método que emplean amenudo los
matemáticos para descartar una hipótesis (conocido como
reducción al absurdo), y luego trataremos de dar
razones positivas para la segunda opción una vez descartada la
primera.
Primeramente es necesario
hacerse la anterior pregunta al contrario y plantearse la restante
posibilidad.
Ante distintas opciones,
los seres humanos, ejerciendo nuestra racionalidad (condicionada por
distintos factores) deliberamos respecto a cuál optar; un tipo
de razones son las que tienen un carácter más
estrictamente moral. Si hallamos que hay alguna razón moral
para preferir una opción a otra (animal o vegetal), y tenemos
que las condiciones materiales para elegir entre ambas son casi las
mismas -de modo que razones de este tipo no influyen en la
deliberación demasiado-, es fácil ver la conclusión
que se deriva de estas premisas.
Por lo tanto, dado que
esas condiciones son reales, mantener nuestra postura sólo
puede deberse a un enorme menosprecio, a la par que supone una
supremacía absoluta del ser humano sobre el resto de seres, y
la legitimidad completa para servirse de ellos como medios para sus
fines -los fines no deberían ser morales en este caso, sino de
otro tipo.
Pero, ¿qué
justifica esa soberanía sobre el resto? Buscando algo que nos
hace diferentes del resto de los animales, no hallamos el derecho de
matarlos o maltratarlos, antes bien lo que nos distingue de ellos, no
es un salto cualitativo (como prueba el evolucionismo) que nos
convierta en el centro de la existencia terrenal, sino la magnitud y
el tipo de capacidades que nos convierten en los seres más
capaces de reflexión, y con ello, los más capaces de
reflexión moral.
Pero eso aniquila toda
posible razón para fundamentar la legitimidad de esta primera
hipótesis; de modo que sólo nos queda la segunda: el
veganismo.
Razones para usar
productos libres de sufrimiento son muchas, pero si queremos intentar
convencer a quien consume productos de origen animal a dejar de
hacerlo, en lugar de enumerar cientos de argumentos, o desarrollar
ahora la hipótesis positiva con rigor, talvez lo mejor es
aludir a la capacidad de raciocinio, que se nos supone, y plantear el
problema al contrario: Para no cansar al lector, por ahora dejamos
probada la segunda hipótesis -a la par que negada la primera-
por el hecho de su mayor valor moral, y invitamos a cada cual a que
mientras no obtenga algún modo de probar que es lícito
el empleo de calzado animal, sea consecuente con esta argumentación
que ha reseguido el mismo y asuma en la práctica sus
consecuencias.
Hay muchos escritos desde
la antiguedad hasta nuestros tiempos, desde Plutarco y Platón
hasta Peter Singer y Ortega Gasset, pasando por otros grandes
pensadores, científicos, artistas y filósofos como
Leonardo da Vinci, Albert Einstein, León Tolstoi, Pitágoras,
Frank Kafka, Charles Darwin, Unamuno, Ghandi, Voltaire, etc.,
defendiendo -desde diferentes frentes- los derechos de los animales y
acusando incesantemente a la humanidad por el crimen que comete; a la
par que existen -y crecen exponencialmente- las pruebas de la
viabilidad de la opción vegana. No quisiera parecer pueril con
este añadido, pero tras las acusaciones de falta de vigor que
nos lanzan amenudo nuestros detractores, les recomendaría a
estos que echaran una mirada a los monjes del templo budista Shaolín,
o simplemente las condiciones físicas del conocido Bruce Lee
(que se pasó al vegetarianismo a los diez-y-ocho años
de edad)
¿Por qué
calzado animal?
...
...
...
¿Nada?
Bueno, si no encuentras
ninguna razón para que millones de animales al año sean
matados por su piel, para que especies de animales salvajes estén
en peligro de extinción por su captura, para que sea la agonía
la forma de muerte de muchos de ellos, para que se manipulen
genéticamente algunas razas para fines tan mezquinos como el
color o textura de la piel, para la generación masiva de
residuos orgánicos procedentes de la cría de animales
en granjas, en definitiva, si crees que tener unos zapatos de piel no
justifica todo este sufrimiento animal, ya tienes todas la razones
necesarias para usar calzado ético, calzado vegan.
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